La psicoterapia puede ser comprendida como una herramienta. Como toda herramienta, puede extender nuestras capacidades más allá de nuestra individualidad. La psicoterapia ayuda a examinarnos a nosotros mismos a través de la conversación o el juego en el caso de los niños y niñas y desde esta práctica se tratan las afecciones psicológicas.

Cualquier persona o grupo familiar puede emplear esta herramienta que está orientada técnicamente tanto a niñxs y adultxs y que se sostiene en el vínculo con el/la terapeuta. El vínculo terapéutico es diferente a otros, principalmente por las condiciones que sostienen el espacio: el código de confidencialidad, la frecuencia de las sesiones y la escucha activa de parte de un otro en un espacio profesional y a la vez acogedor. Es un tipo de interacción diferente a la de todos los días y puede configurarse como una experiencia significativa, ayudándonos a ser más conscientes de la forma en que opera nuestra psiquis. Por ello, cada persona puede desear iniciar un proceso a partir de sus propias motivaciones y esto es el principal motor del que conducirá el desarrollo del tratamiento.

Puedes buscar ayuda terapéutica de un profesional de la salud mental por distintos motivos: duelos, conflictos familiares, temores personales, dificultades en la crianza de hijxs, dolor subjetivo, crisis de angustia, problemas de autoestima, tratamiento de diagnósticos psiquiátricos y/o neurológicos o simplemente el cansancio de repetir conductas indeseadas. Lo importante es comprender que cada proceso en sí es auténtico en tanto cada persona siente, desea, vive y se relaciona con los demás de diversas formas.